Este proyecto tiene para nosotros un significado especial. Se trata del edificio en el que se encuentra nuestra sede, un inmueble con muchos años de historia que hemos ido recuperando y mejorando progresivamente con el paso del tiempo.
Cuando todavía ocupábamos las oficinas en régimen de alquiler, ya éramos conscientes de que la cubierta necesitaba una intervención profunda. El estado de determinados elementos de madera era claramente preocupante y sabíamos que, tarde o temprano, sería necesario actuar sobre la estructura.
El problema era que la situación urbanística del inmueble limitaba mucho las actuaciones permitidas. Durante bastante tiempo únicamente podían realizarse pequeñas mejoras o trabajos de mantenimiento, mientras que una sustitución más profunda de la estructura no estaba autorizada.
A simple vista, y especialmente al retirar parte de la cubierta, era evidente que mantener determinados elementos existentes no era una solución razonable a largo plazo.
Tiempo después tuvimos la oportunidad de adquirir las oficinas y asumir directamente la rehabilitación del edificio.
Lo que inicialmente debía ser una actuación limitada sobre la cubierta terminó convirtiéndose en una intervención mucho más compleja, ya que el estado real de la estructura obligaba técnicamente a resolver problemas que iban mucho más allá de un simple retejado.
La actuación comenzó con el desmontaje de la antigua cubierta para poder comprobar directamente el estado de los diferentes elementos.
La inspección confirmó importantes patologías en la estructura de madera, con zonas afectadas por humedad, degradación y pérdida de capacidad que requerían una intervención mucho más profunda de la inicialmente autorizada.
Se realizaron los trabajos necesarios de reparación, sustitución y refuerzo de los elementos deteriorados, buscando conservar aquello que realmente podía mantenerse y renovar aquello que ya no ofrecía las condiciones adecuadas de seguridad y durabilidad.
Posteriormente se reconstruyó el conjunto de la cubierta, incorporando las diferentes capas necesarias para mejorar su protección frente al agua y la intemperie y finalizando con una nueva cobertura de teja negra.
El edificio disponía originalmente de un sistema de recogida de aguas tipo chéneau, integrado en la propia cubierta. Durante la rehabilitación se decidió sustituir esta solución por un sistema convencional de canalones exteriores, más sencillo de mantener y controlar.
En aquel momento instalamos canalones de PVC. Fue una solución coherente con el presupuesto disponible y con las posibilidades reales de aquella fase de la empresa. Con la experiencia que tenemos hoy, probablemente optaríamos por canalones de zinc, cuya mayor durabilidad y calidad justifican normalmente la diferencia de coste.
También esa evolución forma parte de nuestra manera de entender el oficio: cada obra deja experiencia y cada experiencia mejora la siguiente decisión.
Fue una obra técnicamente exigente, pero sobre todo una experiencia importante de gestión y aprendizaje.
Sabíamos desde el principio que determinados elementos de la cubierta necesitaban una renovación profunda, pero durante mucho tiempo las limitaciones administrativas únicamente permitían actuaciones muy parciales.
Cuando finalmente se abrió la cubierta y se pudo comprobar con claridad el estado real de la estructura, hubo que compatibilizar esa realidad técnica con unas autorizaciones inicialmente mucho más limitadas.
El proceso incluyó documentación, justificaciones técnicas, coordinación con los diferentes agentes y una paralización temporal de los trabajos durante el invierno.
Precisamente por tratarse de nuestro propio edificio, aplicamos el mismo criterio que defendemos en los proyectos de nuestros clientes: cuando la realidad de una obra demuestra que una solución prevista ya no es suficiente, hay que analizarla, justificarla y buscar una solución correcta, no simplemente continuar como si el problema no existiera.
La ejecución se realizó con especial atención a la seguridad, la protección del edificio y la organización de los trabajos en altura.
Fue una obra difícil, pero también una de esas experiencias que ayudan a construir una empresa: nos obligó a tener paciencia, a defender técnicamente lo necesario y a continuar hasta conseguir una solución adecuada.
Finalmente conseguimos rehabilitar por completo la cubierta, resolver los problemas estructurales existentes y dotar al edificio de una solución segura, protegida y duradera.
La nueva teja negra transformó además su imagen exterior y ayudó a construir la estética en blanco, negro y gris que hoy identifica nuestra sede.
Con los años continuamos invirtiendo en el inmueble, adquirimos posteriormente la primera planta y seguimos rehabilitando progresivamente diferentes zonas.
Por eso esta obra representa algo más que un tejado para nosotros. Es una parte de la historia de Gorka Lomeña y de la evolución de nuestra propia casa.
Como anécdota, la complejidad administrativa fue tal que los costes asociados al proyecto técnico, arquitectura y tramitaciones llegaron a superar el coste directo de materiales principales como la madera y las propias tejas.
Un buen ejemplo de algo que hemos aprendido durante años de rehabilitación: la dificultad de una obra no siempre está en construirla; muchas veces está en todo lo que hay que resolver para poder construirla correctamente.